4 oct. 2015

Abriendo Camino

Glenn Gould
"Lo que ocurre entre mi mano izquierda y mi mano derecha es un asunto privado que no le importa a nadie". Así de tajante contestaba Glenn Gould en 1974 a la pregunta que el periodista Jonathan Cott le hacía acerca de la postura que adoptaba frente al piano. 
Doblado, como un feto en el útero materno; una mano dibujando notas en el aire, la otra, atacando las cuerdas del piano; sentado en su silla de madera paticorta, silla que su padre, Bert Gould, le había hecho a mano y sin la que no salía de casa: "Esta silla es una compañera de viaje inseparable; sin ella no puedo funcionar. No he dado un solo concierto sin ella en veintiún años”, decía, aderezaba el sublime sonido musical, con suspiros y tarareos.
El inspirador de la postura que Gould (1932-1982) adoptaba frente al piano, fue Alberto Guerrero, un pianista chileno de renombre en Canadá que con poco más de 50 años de edad, aceptó al niño de tan sólo 10. El maestro, usaba un asiento bajo para arrastrar las teclas en lugar de golpearlas, convencido de que esa técnica mejoraba cada sonido.
Gould, todavía no había cumplido 23 años cuando grabó con Columbia Records, en Nueva York, "Las Variaciones Goldberg de Bach. El pianista llegó al estudio con su inseparable silla, bufandas y jerseys que se ponía incluso en los días más cálidos, un surtido de pastillas y una colección de toallas que mojaba en agua caliente y se aplicaba en las manos y en los antebrazos veinte minutos antes de ponerse a tocar.
El hombre, que huía de la fama, dio su último concierto en 1964 en Los Ángeles con tan sólo 31 años. Lo tenía claro, las actuaciones eran para él como un rodeo o un circo romano en el que él estaba siempre en el centro. No le ilusionaba el contacto con la gente, disfrutaba tocando para sí mismo en soledad. “Por cada hora que pasas en compañía de otro ser humano, necesitas equis número de horas sólo. El aislamiento es un elemento indispensable de la felicidad humana“, comentaba en una entrevista.

Concierto para Piano n.º 5_"El Emperador".
Glen Gould, piano.
Toronto Symphony Orchestra.
Karel Ančerl, director.

Su última grabación tuvo lugar en Nueva York, en septiembre de 1982. Interpretó la Sonata para piano en Si menor, Op. 5, de Richard Strauss. Un derrame cerebral, provocado por una infección mal atendida, causó su imprevista muerte el 04 de octubre de 1982, días después de su cumpleaños. Los médicos no se dieron cuenta de la gravedad de su estado de salud, Gould llevaba años con dolores de cabeza, resfriados y males menores para los que se automedicaba de manera compulsiva. Había llegado a la edad a la que había declarado que abandonaría su carrera de pianista y sospechaba que su cuerpo también había decidido abdicar. Su psiquiatra, Peter Ostwald, explicó que su personalidad, aunque no se podía catalogar, tenía muchos elementos del síndrome de Asperger, una variante del autismo en la que confluyen una sensibilidad extraordinaria para los estímulos sensoriales con actitudes obsesivas en la rutina y una fobia acusada a todo acto social. 
Descanse en paz el Pianista que con su estilo, abrió el camino del futuro.