16 dic. 2016

Viaje al Interior de Beethoven

Quartetto Italiano
Si cuatro son los elementos que constituían el mundo conocido: el agua, el fuego, la tierra y el aire; y cuatro son los temperamentos del hombre: flemático, colérico, sanguíneo y melancólico; cuatro son también las cuerdas de los instrumentos derivados de la familia del violín que, de una forma natural, acabarían agrupándose para formar el cuarteto de cuerdas: dos violines, la viola y el violonchelo. 
Los cuartetos de cuerda de Ludwig van Beethoven, constituyen uno de los núcleos esenciales para el conocimiento de su obra y, además, son también uno de los más sólidos eslabones de la forma más prestigiosa de la música de cámara.
Beethoven, cuando ya ha asimilado la forma reina del clasicismo a través de sus primeras diez sonatas pianísticas, además de las tres violinísticas de la opus 12, varios tríos y el primer concierto para piano y orquesta, se decide a abordar el cuarteto. Los seis cuartetos de su opus 18, escritos entre 1798 y 1800, son el mejor resumen de su primera etapa en la que, partiendo de los modelos de Haydn y Mozart, empieza a definir su personalidad. En palabras de Wilhelm von Lenz, estos primeros cuartetos pronto se constituyen en "la flor más fina del estilo de su primera manera".

Cuartetos de cuerda_Integral
Quartetto Italiano.

Seis años más tarde, los que transcurren entre los primeros cuartetos y los que va a dedicar a Razumovski, a la sazón embajador ruso en Viena, el arte de Beethoven va a dar un vuelco trascendental. Las tres primeras sinfonías, una docena de nuevas sonatas pianísticas (entre las cuales se encuentran las que ya empiezan a conocerse con los títulos de Claro de luna, Pastoral, Aurora o Appasionata), tres nuevos conciertos para piano y orquesta... han definido una nueva manera de pensar la música. 
En el centro de esta, su segunda etapa creadora, rodeados de estas obras , brillan con luz propia los tres cuartetos de la opus 59 (1806-1807), y los dos que cierran la década: el opus 74 (1809) y el opus 95 (1810).
Han transcurrido doce años desde los anteriores cuartetos. Beethoven, enfrascado ya en su Novena sinfonía, recibe un encargo del príncipe ruso Nicolás Galitzine para que componga nuevos cuartetos. Les fueron dedicados tres y, aún tuvo tiempo para componer otros dos antes de morir en marzo de 1827.
En estos cinco cuartetos, escritos desde 1823 hasta bien avanzado 1826, además de ese monumento al contrapunto que es la Gran Fuga, el sordo genial llevó sus investigaciones sonoras al más alto grado de concentración interior.
El musicólogo Claude Rostand, refiriéndose a los cuartetos del Maestro, dijo: "Beethoven, en efecto, ha abordado los cuartetos en tres momentos diferentes, podríamos decir que a lo largo de tres crisis, mientras que las olas de otras aguas de su producción, sonatas o sinfonías, se mecían con regularidad según un ritmo continuo. Parecería que en cada etapa de esta evolución Beethoven experimenta la necesidad de recogerse, de enfrentarse a sí mismo para hacer balance, y para ello escogió el cuarteto".